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Historia

Primera Generación

Nuestra historia comienza en 1802 con el nacimiento de Don José Villar Vázquez  en la ciudad de Betanzos que en esos años era una de las ciudades más importantes de Galicia, dado que entre otras cosas tenía puerto resguardado y una importante industria maderera y de curtidos.

En esa misma ciudad cursa sus estudios elementales y se matricula en la Real Junta Gubernativa Superior de Farmacia, pues la Facultad de Farmacia de Santiago de Compostela se fundaría unos años más tarde.

En 1827 se le expide el título que le acredita como boticario y que le  permite montar su negocio. Este título original se guarda junto a su retrato en la farmacia en el día de hoy, en una sala donde bajo un retrato de cada uno de los farmacéuticos de nuestra familia se puede ver su título oficial.

En ese mismo año, 1827, decide montar su botica, no en Betanzos sino en La Coruña, que estaba empezando a crecer  gracias a su puerto, con más calado y buenas condiciones de resguardo, que la comunicaba con el resto del país. La sitúa en la Calle Real número 82, siendo en aquellas fechas un lugar alejado del centro y de la Ciudad Vieja ya que era donde acampaban los ejércitos. En ese mismo emplazamiento nos encontramos en la actualidad.

Al poco de llegar a Coruña se casó con Manuela López Portocarrero.

El negocio de la botica funcionaba muy bien, lo que le permitió ahorrar y obtener la propiedad, primero de Real 82 y luego  de la edificación posterior en la calle de los Olmos, con lo que disponía de amplios espacios para desarrollar la  actividad de la botica, donde había de todo un poco, de ahí el dicho: “Hay de todo como en botica”.

Tuvieron dos hijos, Juan y María Villar López.  Pero la situación política del país no era estable y estuvo movilizado debido a las Guerras Carlistas, por lo que se le concedió la condecoración de la Cruz de Carlos III.  Continuó desarrollando su actividad profesional y se hizo corresponsal de la Real Academia de Cirugía de Asturias.

En 1854 una epidemia de cólera asola la ciudad, en la cual, la farmacia Villar colabora desinteresadamente en paliar el problema suministrando gratuitamente medicamentos a las instituciones benéficas, sobre todo a la beneficencia municipal y a los conventos de religiosas, hasta el punto que casi le lleva a la quiebra del negocio.

En 1872 fallece en su casa y es enterrado en el Cementerio Municipal de San Amaro.

Segunda Generación

 En el año 1843 viene al mundo su primer y único hijo varón, Juan Villar López, quien estudia la enseñanza elemental en Coruña y cuando la finaliza se va a Santiago de Compostela a la recién inaugurada Facultad de Farmacia en Fonseca, donde finaliza sus estudios de licenciatura con la edad de 20 años, en el año de 1863.

Se casa con Emeteria Martelo con la que tiene cinco hijos, José y cuatro mujeres,  de las cuales tres se quedan solteras y la pequeña  María se casa con Arias, de cuyo matrimonio nacería Jacobo Arias Villar, Marqués de Casa Pardiñas. El 24 de marzo de 1876, fallece su padre, y él se hace cargo de la farmacia.

María Villar López, hermana de Juan, es la madre del afamado arquitecto coruñés Rafael González Villar, responsable de edificios como el Kiosko Alfonso o la Casa Molina.

Tercera Generación

José Villar Martelo nace en 1873 en la Calle Real, y realiza sus estudios primarios en La Coruña, para después cursar la Licenciatura de Farmacia en Santiago de Compostela, finalizándola con la calificación de sobresaliente a la edad de 21 años. El 11 de marzo de 1894, unos meses antes de finalizar sus estudios superiores fallece su padre. Con lo que en cuanto acaba sus estudios se hace cargo del negocio familiar.

Después de estudiar y observar el crecimiento de la ciudad, consideró oportuno hacer una nueva edificación de acuerdo con la normativa vigente, de modo que en el bajo estuviera la farmacia y en el piso de arriba  la vivienda del farmacéutico,  así que se trasladó la farmacia provisionalmente a la acera de enfrente, donde actualmente está el Banco Etcheverría, mientras duraban las obras.

La nueva edificación consta de planta baja y primer piso, al cual se accede desde el vestíbulo de la farmacia, la estructura es de madera y el tejado en su origen de teja castellana sobre ripias de pino, el suelo del vestíbulo era de mármol blanco y pizarra negra en cuadrados de 40×40 semejantes al suelo de la iglesia de San Andrés. La fachada era de sillería de piedra de una cantera del lugar que se optó por forrar de madera tal y como se conserva actualmente.

En el patio posterior se hizo un pozo, siendo el primer inmueble de la ciudad en contar con agua corriente mediante un sistema ingenioso de bombeo del agua del pozo a dos depósitos en el tejado, que por gravedad daba servicio a la casa y a la farmacia.

Con la nueva instalación y amplios espacios con dos chimeneas (hoy cegadas) para las elaboraciones farmacéuticas empezó el crecimiento de la farmacia.  En el edifico posterior de Olmos 7 se cultivaban las plantas medicinales y en el bajo se procedía a su clasificación, a su elaboración (secado, machacado para obtención de zumos y otros procesos) y posteriormente se hacían llegar a la farmacia para la venta al público.

José se casa con Matilde De Cabo Perfumo, con la que tiene  cuatro hijos, María Asunción (conocida en la ciudad con el apodo cariñoso de Mariquiña), Juan, José y Matilde, quienes estudiaron en el Colegio Dequidt. Las chicas no cursaron estudios superiores pero los varones estudiaron Farmacia en Madrid.

José Villar Martelo se aficionó a fotografía en un viaje a París. Es uno de los pioneros de este arte en nuestro país, y en la familia se conservan sus imágenes, que constituyen una de las mejores colecciones mundiales de fotografía estereoscópica (tridimensional) de un mismo autor.

En 1914 en vísperas de la Gran Guerra, José Villar, su esposa y su hija mayor  María Asunción hacen un viaje por París, tomando un barco en la Coruña de línea regular que les lleva hasta Le Havre. Subiendo en ascensor a la Torre Eiffel escuchan a un matrimonio hablar catalán. El boticario hace un comentario para que se diera el matrimonio por aludido: “que alegría da encontrarse en el corazón de Europa con españoles”, y efectivamente dándose por aludidos se dirigen al boticario preguntándoles de dónde eran, a lo que contesta de Galicia, de La Coruña,  a lo que el hombre le responde que no conoce Galicia pero que allí tiene un buen cliente que se llama José Villar, a lo que el boticario responde: “servidor de usted”.

Don José Villar Martelo fue consejero de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de la Coruña y Lugo, consejero de la Incipiente Cámara de Comercio, Industria y Navegación y Presidente de la Sociedad Filarmónica. También durante un corto periodo de tiempo fue presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos.

Cuarta Generación

En 1921 se licencia en Madrid su hijo Juan, a quien encarga en una pequeña excursión a la Exposición Universal de Londres que adquiera alguna de las últimas novedades que allí vea. Para disgusto de su padre, Juan adquiere la báscula que preside la farmacia y que desde ese momento ha funcionado sin descanso ni necesidad de reparación.

José delega en su hijo Juan el funcionamiento del negocio. Lo primero que realiza es un viaje comercial  para conocer a los clientes de fuera de la ciudad y captar otros nuevos, consiguiendo un notable crecimiento del negocio.

En 1925 finaliza sus estudios de farmacia su otro hijo varón, José, y tras una ampliación de estudios con fines analíticos y bromatológicos, se acondiciona  para la realización de análisis clínicos el segundo piso de Real 84.  Esta rama de negocio no se llegó a desarrollar pues José, debido al crecimiento de los negocios se vio en la necesidad de ayudar a su hermano Juan.

Aprovechando esta circunstancia Don José Villar Martelo se empieza a retirar de la vida comercial delegando en sus dos hijos, ya que en la primera gran reforma sanitaria en tiempos de Primo de Rivera se obliga a separar lo que eran medicamentos humanos y veterinaria de todo lo demás.
Así que todos aquellos productos que no conforman medicamentos de uso humano o animal, se trasladan a la calle de los Olmos 7 ocupando el bajo, dividiendo el negocio en dos tiendas de venta de al público diferentes Farmacia Villar en la Calle Real y Droguería Villar en la Calle Olmos. Ambas conformarían “Farmacia y Droguería de Sucesores de J. Villar”.

 Por decisión de Juan se instala el cuarto de motor, que consistía en un sistema de poleas movidas por un motor eléctrico trifásico que actuaba sobre un refinador de pinturas, un martillo pilón, un molino de bolas y un sistema de piedras de moler para obtener polvos de determinada gravimetría.

El trabajo en equipo de los hermanos Juan y José hace que el negocio se convierta en una farmacia de referencia que servía a los botiquines de aldeas y lugares, primero de la provincia y a continuación de las limítrofes consiguiendo un gran número de clientes.

En 1935 se inaugura la nueva sede de la Droguería en un edificio singular con una distribución muy práctica, en el bajo la tienda al detalle y en los pisos superiores almacenes, distribuidos de la siguiente forma: el primero para productos químicos, el segundo para perfumería y el tercero para productos varios.

Tras delegar en sus hijos, José Villar Martelo funda la primera tienda de productos fotográficos de la ciudad, en el inmueble contiguo a la farmacia, Calle Real 84.

En la calle Real 86 existía un café con espectáculo musical, cuyo dueño decide cerrarlo, ofreciéndoselo a Don José, quien lo adquiere y monta una perfumería, inaugurada el año 1947 con gran impacto en la prensa local.

El 17 de enero de 1951 fallecen Don José Villar Martelo y su esposa por fiebres con sólo unas horas de diferencia lo que genera un gran problema de testamentos.

Finalmente y tras varios desencuentros de Juan y José con sus hermanas se decide que sean ellos quienes continúen con las riendas de los negocios de farmacia y droguería  y que el resto de propiedades pasen a manos de las hijas, tras un arbitraje en el que colaboró el Marqués de Campoameno, amigo de la familia.

La historia familiar cuenta que, tras el arbitraje, y dirigiéndose a Juan, el notario le dijo “¿Pero saben ustedes lo que están firmando? Este acuerdo les deja prácticamente en la ruina”. Aal lado de Juan se encontraba José, al que su hermano le dijo: “Pepito, dile a este señor que es lo que vamos a hacer.” A lo que José contestó “Lo que hemos hecho siempre, Juanito. Trabajar.”

En esta nueva etapa que se inicia en 1956, Juan y José se ven obligados a dejar el piso que ocupan Comandante Barja, expulsados por su hermana Matilde, Juan se traslada a la Plaza de Vigo, y José al piso sobre la farmacia donde había nacido. Y finalmente y tras años de trabajo arduo y sacrificios los dos hermanos consiguen sacar adelante los negocios.

Juan se dedica fundamentalmente a la Droguería. José a la Farmacia y a la vida política local, siendo durante muchos años Consejero de la Caja de Ahorros, Vicepresidente de la Cámara de Comercio, Vocal nacional del Sindicato de Industria Química, y en los años sesenta Diputado Provincial de la Diputación de la Coruña.

Juan se casa en 1933 con Sofia Berea y tienen cinco hijos, de los cuales ninguno estudia Farmacia. Por el contrario, José se casa en Barcelona en 1935 con Victoria López-Caro y tienen tres hijos, de los cuales el pequeño, Alberto, continuará la saga familiar.

El año 1984, Juan vende su parte de los negocios a su hermano José, que continuará con su dirección hasta el año 1995 en que fallece, al igual que su padre, en el piso de encima de la farmacia, con 91 años de edad.

Quinta Generación

El hijo pequeño de José, Alberto Villar López, nace en 1945. Tras los estudios básicos en el Colegio de los Maristas de Coruña, empieza la Licenciatura de Farmacia en la Facultad de Farmacia de Santiago de Compostela. Aunque en sus primeros cursos es residente del Colegio Mayor La Estila, termina la carrera como huésped de la pensión de Don Víctor Touriño, de la que guarda un grato recuerdo.

Tras realizar algún curso de perfeccionamiento analítico, oposita a farmacéutico militar y obtiene plaza.  Su primer destino militar fue Vigo y tras una breve estancia en la ciudad olívica pasa destinado a Coruña, donde ocupa parte de su tiempo libre colaborando en los negocios de la Farmacia y Droguería, aunque con una su labor poco significativa. A pesar de que Javier, hermano mayor de Alberto, también cursa estudios de farmacia y es inicialmente el designado para continuar con el negocio familiar, finalmente su padre decide que sea su hijo menor el que se haga cargo.

Con el fallecimiento de su padre en 1995, Alberto pasa a dirigir la farmacia pero se ve obligado a adquirir parte del inmueble a sus primos, por lo que decide aumentar el horario hasta las diez de la noche y atender al público todos los días del año.

De su matrimonio nacen cinco hijos, cuatro varones y una chica, el tercer hijo, Ricardo y la hiija menor Montse cursan  estudios de Farmacia en Santiago de Compostela, el primero de ellos de forma brillante. Actualmente, tras el fallecimiento de Alberto Villar López en mayo de 2015, Ricardo, como la sexta generación de farmacéuticos de la familia, continua con una saga familiar que desde hace casi doscientos años se ha preocupado por la salud y bienestar de todos los coruñeses.

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